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Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria

Lectura del santo evangelio según san Lucas  Lucas 10, 38-42 En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: "Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude". El Señor le respondió: "Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará". Reflexión A veces, el alma se asemeja a la casa de Betania. Llena de pasos, de ollas al fuego, de preocupaciones que se entrecruzan como pensamientos agitados. Y, sin embargo, Jesús está allí, en medio de todo, esperando que alguien se siente simplemente en sus pies, como María. La escena parece doméstica, sencilla. Pero en ella se encie...

Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,25-37

  En aquel tiempo, se levantó un maestro de la ley y preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». El respondió: «“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza” y con toda tu mente. Y “a tu prójimo como a ti mismo”». Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida». Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?». Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo. Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y ac...

El Mandato de Orar

 Hay mandatos de Cristo que no envejecen, que no se desgastan con el paso de los siglos. Uno de ellos, quizás el más olvidado en medio del ruido moderno, es el mandato de orar. No fue una sugerencia ni un consejo piadoso. Fue una orden pronunciada con ternura divina. "Orad, pedid, llamad, buscar". Jesús, el Maestro de los silencios y las noches en vela, no sólo nos habló de la oración. La vivió. La respiraba como quien respira el aire del cielo. Se retiraba al monte, al desierto, al huerto... lugares donde la tierra calla y el alma puede oír el latido de Dios. Lo que Él puso por obrar, nos lo mandó a nosotros. Su vida entera fue una plegaria en acto.  Pero hay un matiz que suele pasar inadvertido. Cuando Cristo dice "orad", está abriendo una puerta. No es un simple imperativo, sino una invitación al encuentro, al diálogo interior donde el hombre y Dios se reconocen. Y para que nadie se perdiera en teorías, nos dio una fórmula viva. El Padrenuestro. No es sólo una or...