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Mostrando las entradas de octubre, 2025

El dolor del amor y la misericordia que no descansa

  Lucas 14, 1-6 Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: "¿Está permitido curar en sábado o no?" Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: "Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su burro o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?" Y ellos no supieron qué contestarle. Reflexión Hoy, la Palabra de Dios nos conduce a una hondura que solo el corazón que ama de verdad puede comprender. San Pablo, en su carta a los Romanos, se desgarra por dentro. Habla con la sinceridad de quien vive unido a Cristo, y desde esa unión brota un dolor santo. El sufrimiento por los suyos, por aquellos que todavía no han reconocido al Mesías. Su tristeza no nace del egoísmo, sino del amor que se ofrece. Dice...

Nada nos separa del amor de Dios

  Lucas 13, 31-35 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: "Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte". Él les contestó: "Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana, y que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, mañana y pasado mañana tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero tú no has querido! Así pues, la casa de ustedes quedará abandonada. Yo les digo que no me volverán a ver hasta el día en que digan:  '¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!' " Hoy la Palabra de Dios nos invita a entrar en el corazón mismo del misterio cristiano. El amor inquebrantable de Dios por cada uno de nosotros. San Pablo, en la carta a los Romanos, nos deja una ...

Llamados a ser rostro de Cristo

  Lucas 6, 12-16 Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor. El Evangelio de hoy nos invita a contemplar uno de los momentos más hondos del ministerio de Jesús, la elección de los Doce. Antes de llamar a los apóstoles, Jesús sube al monte y pasa la noche en oración. No es un gesto accesorio. El Hijo se pone en diálogo con el Padre, escucha, discierne, ama. De ese encuentro orante nace toda vocación auténtica. Seguir a Jesús, por tanto, no comienza con una decisión humana, sino con una llamada divina que se gesta en el silencio de la oración. Cuando amanece, Jesús llama. No elige a los más sabios, ni a...

Desatar lo que nos ata

  Lucas 13, 10-17 Un sábado, estaba Jesús enseñando en una sinagoga. Había ahí una mujer que llevaba dieciocho años enferma por causa de un espíritu malo. Estaba encorvada y no podía enderezarse. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad". Le impuso las manos y, al instante, la mujer se enderezó y empezó a alabar a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiera hecho una curación en sábado, le dijo a la gente: "Hay seis días de la semana en que se puede trabajar; vengan, pues, durante esos días a que los curen y no el sábado". Entonces el Señor dijo: "¡Hipócritas! ¿Acaso no desata cada uno de ustedes su buey o su burro del pesebre para llevarlo a abrevar, aunque sea sábado? Y a esta hija de Abraham, a la que Satanás tuvo atada durante dieciocho años, ¿no era bueno desatarla de esa atadura, aun en día de sábado?" Cuando Jesús dijo esto, sus enemigos quedaron en vergüenza; en cambio, la gente se alegraba de ...

Evangelio de Lucas 18, 9-14

  Lucas 18, 9-14 En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás: "Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'. El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'. Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.  Hoy el Evangelio nos pone frente al espejo más claro y más doloroso que puede ofrecernos la Palabra. El espejo de la humildad verdadera. No la humildad fingida ni la que pro...

El fuego que purifica el alma

 El Evangelio de hoy nos presenta un Jesús ardiente, encendido por dentro. He venido a prender fuego a la tierra, dice con una fuerza que estremece. No se trata del fuego que destruye, sino del fuego que purifica y transforma. Es el fuego del amor divino, ese que no se conforma con la superficie, que no deja nada igual, que convierte el corazón en luz. A veces confundimos la paz con la ausencia de conflicto. Pero Jesús nos recuerda que la verdadera paz nace del amor a la verdad, y la verdad muchas veces es incomoda, divide, despierta conciencias dormidas. El fuego de Cristo no destruye a las personas, sino que rompe las mentiras, quema las máscaras, y deja al descubierto lo esencias que es el amor que libera. La compasión, no siempre es dulzura, sino también firmeza. El amigo que ama de verdad no teme de corregir. Del mismo modo, Jesús, el Maestro de todos los tiempos, no vino a tranquilizarnos con palabras vacías, sino a encender nuestro alma con el fuego del Espíritu. A veces, es...

Dichosos aquellos a quienes su Señor, al llegar, encuentre en vela

  Lucas 12, 35-38 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Estén listos, con la túnica puesta y las lámparas encendidas. Sean semejantes a los criados que están esperando a que su señor regrese de la boda, para abrirle en cuanto llegue y toque. Dichosos aquellos a quienes su señor, al llegar, encuentre en vela. Yo les aseguro que se recogerá la túnica, los hará sentar a la mesa y él mismo les servirá. Y si llega a medianoche o a la madrugada y los encuentra en vela, dichosos ellos". El Evangelio de hoy nos invita a vivir despiertos y disponibles, con el corazón atento al paso de Dios por nuestras vidas. Jesús nos habla de lámparas encendidas y túnicas ceñidas, este es el lenguaje de quien está en camino, de quien no se instala ni se adormece en la rutina. El discípulo no se duerme en los laureles de una fe cómoda, sino que permanece vigilante, encendido por dentro, esperando, no con miedo, sino con amor. Porque el Señor no llega con estrépito ni con amenazas. Llega sile...

Hazte rico de lo que vale ante Dios y todo lo demás te será dado por añadidura

  Lucas 12, 13-21 En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: "Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia". Pero Jesús le contestó: "Amigo, ¿quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?" Y dirigiéndose a la multitud, dijo: "Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea". Después les propuso esta parábola: "Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: '¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida'. Pero Dios le dijo: '¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?' Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para...

Ora, ora y ora

  Lucas 18, 1-8 En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola "En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: 'Hazme justicia contra mi adversario'. Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: 'Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando' ". Dicho esto, Jesús comentó: "Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?" Reflexión Hoy el Evangelio nos pone ante una verdad que el corazón del carmelita conoce bien, ...

Reflexión en el día de San Lucas

  Lucas 10, 1-9 En aquel tiempo, Jesús designó a otros setenta y dos discípulos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares a donde pensaba ir, y les dijo: "La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos. Pónganse en camino; yo los envío como corderos en medio de lobos. No lleven ni dinero ni morral ni sandalias y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando entren en una casa digan: 'Que la paz reine en esta casa'. Y si allí hay gente amante de la paz, el deseo de paz de ustedes se cumplirá; si no, no se cumplirá. Quédense en esa casa. Coman y beban de lo que tengan, porque el trabajador tiene derecho a su salario. No anden de casa en casa. En cualquier ciudad donde entren y los reciban, coman lo que les den. Curen a los enfermos que haya y díganles: 'Ya se acerca a ustedes el Reino de Dios' ". Reflexión Hoy el Evangelio nos muestra a Jesús envian...

Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía

  Lucas 12, 1-7 En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus discípulos: "Cuídense de la levadura de los fariseos, es decir de la hipocresía. Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas. Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al lugar de castigo. Se lo repito: A él sí tienen que temerlo. ¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos...

Les construyen sepulcros a los profetas que sus padres asesinaron

 El Evangelio de hoy es un espejo que duele. Jesús no habla a los paganos ni a los alejados, sino a los que dicen amar a Dios, a los que estudian su palabra, a los que interpretan la Ley. Les reprocha algo terrible, veneran a los profetas muertas, pero rechazan a los vivos. El corazón humano tiene una extraña inclinación a admirar la santidad cuando ya no nos incomoda. Mientras el profeta respira, su palabra hiere, cuando muere, su palabra se convierte en estatua. Jesús denuncia esa hipocresía espiritual, la de amar el perfume del pasado pero rechazar el fuego del presente. La sangre de Abel y de Zacarías, dice Jesús, clama desde el principio de la historia. En esa sangre están todos los inocentes que han sido silenciados por decir la verdad. En cada época, Dios envía voces nuevas, profetas, santos anónimos que recuerdan a su pueblo el rostro del Amor. Pero muchas veces los acallamos con el ruido de nuestra autosuficiencia, o los encerramos en sepulcros de bronce y doctrinas para n...

Ay de ustedes, fariseos

  Lucas 11, 42-46 En aquel tiempo, Jesús dijo: “¡Ay de ustedes, fariseos, porque pagan diezmos hasta de la hierbabuena, de la ruda y de todas las verduras, pero se olvidan de la justicia y del amor de Dios! Esto debían practicar sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar los lugares de honor en las sinagogas y que les hagan reverencias en las plazas! ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven, sobre los cuales pasa la gente sin darse cuenta!” Entonces tomó la palabra un doctor de la ley y le dijo: “Maestro, al hablar así, nos insultas también a nosotros”. Entonces Jesús le respondió: “¡Ay de ustedes también, doctores de la ley, porque abruman a la gente con cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni con la punta del dedo!” Reflexión Hoy, fiesta de nuestra Madre Santa Teresa, el Evangelio nos toca en lo más hondo del corazón. Jesús no habla a los demás, nos habla a nosotros. A los que creemos servirle, a los que rezamos, a los ...

El fuego interior

  Lucas 11, 37-41 En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo: "Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio, el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio". Reflexión El fariseo mira las manos, pero Cristo mira el corazón. El fariseo lava el cuenco, pero Cristo desea purificar la fuente de donde brota el agua. En esta palabra de fuego, Jesús conduce hacia la caverna interior, allí donde, como diría nuestra Madre Teresa, "mora la Verdad misma".  La limpieza exterior es imagen, sombra y rito. Pero la limpieza interior es comunión. No basta con tener las manos sin mancha si el alma está enturbiada ...

Más que Jonás, más que Salomón

Lucas 11, 29-32 En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: "La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo. Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás''.   El Evangelio de hoy nos invita a mirar con profundidad el corazón inquieto del hombre moderno. Tan semejante al de aquellos que se apiñaban alrededor de Jesús. Queremos señales, prueb...

Solo uno volvió

Evangelio según Lucas Lucas 17, 11-19 En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.   Reflexión  Hoy el Evangelio nos presenta una escena que nos desvela el misterio de la gratitud y de la fe. Diez leprosos gritan desde lejos, marginados por su enfe...

María, el silencio que habla de Dios

 Hay un instante en el alma donde el tiempo se detiene, donde el corazón se arrodilla sin saber por qué, y un nombre, solo un nombre, llena todo el universo. El nombre de María. No se puede pronunciar sin que algo dentro tiemble. Porque María no es sólo la Madre de Jesús, es el aliento de Dios hecho ternura, la transparencia del Espíritu, la voz callada que dice sin palabras "haced lo que Él os diga". En el Carmelo, los frailes la llaman "Señora del Silencio". Allí, en el recogimiento donde el alma aprende a escuchar, María es maestra y morada, la nube suave donde Dios reposa sin ruido. María es el punto donde el alma toca la eternidad sin arder. Y sin embargo, arde. Arde con la llama pura del Amor. San Luis María de Monfort la vio como el camino más rápido y seguro hacia Cristo, la escalera mística por la que el Verbo descendió al mundo. Amarla es permitir que el Espíritu Santo respire dentro de nosotros. Quien se consagra a ella no huye de Dios, sino que se introd...

Bienaventurados los que escuchan la Palabra y la cumplen

  Lectura del santo Evangelio según san Lucas 11,27-28 En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: «Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron». Pero él dijo: «Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Reflexión Mientras Jesús hablaba, una mujer, conmovida por la grandeza de su palabra, pronunció una alabanza espontánea. "Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron". Era el elogio humano a lo visible, al milagro de una vida que irradia luz. Pero Jesús, con una ternura que trasciende los sentidos, dirige la mirada hacia otro horizonte. "Mejor, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen". Esta respuesta es una enseñanza silenciosa sobre la verdadera maternidad espiritual, sobre el misterio de la escucha que engendra a Dios en el Alma. María, su madre, fue bienaventurada no sólo porque lo llevó en su seno...

Cuando Cristo despierta en la casa del alma

  Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,15-26 En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. ...

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

Jesús Archivet Maroto Hay frases del Evangelio que no pertenecen, solo, al tiempo que fueron pronunciadas. Hay palabras que no se apagan ni con los siglos ni con las lágrimas. Una de ellas, quizá la más desconcertante, la más divina, fue dicha por un Hombre que moría. "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". A primera vista parece una súplica. Pero, en realidad, es una revelación del corazón de Dios. Un Dios que no acusa, sino que comprende. Que no condena, sino que abraza desde la cruz. Desde la lógica humana, el perdón es un acto heroico. Desde la lógica divina, el perdón es la respiración natural del amor. En el Calvario, Jesús no espera disculpas ni gestos de arrepentimiento. Perdonó en el instante del golpe, cuando los clavos aún estaban fríos y el desprecio todavía ardía. La misericordia de Dios no se mide por nuestras miserias, sino por su amor infinito. Y en ese instante, sobre la madera, el Cristo orante muestra que el perdón no nace del sentimiento, sino d...

El pan del amor y la puerta del corazón

  Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,5-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno de vosotros tiene un amigo y viene a medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle». Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados: no puedo levantarme para dártelos». Si el otro insiste llamando, yo os digo que si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ...

Crecer en Cristo en la Caridad

 La fe es el comienzo de una nueva vida. Vida significa crecimiento y desarrollo hacia una completa madurez y perfección última. La misericordia de Dios debe revelarse en nosotros. Los que reciben más son lo que más tienen que dar, tal vez porque se les perdonó más. Sin amor y compasión por los demás, nuestro amor en Cristo es una ficción. La fe es como una semilla plantada en el interior del alma, pero solo florece cuando se riega con la caridad. Crecer en Cristo no es una experiencia estática ni un título espiritual, es un proceso silencioso, a veces doloroso, donde el alma se deja moldear por la ternura del Espíritu. Cristo no busca creyentes inmóviles, sino corazones que se dejen transformar, que respiren al ritmo del amor divino.  A menudo creemos que madurar en la fe es saber más, rezar más, o cumplir con mayor exactitud. Pero no. Madurar en Cristo es amar más y juzgar menos. Es aprender a mirar a los demás con la misma mirada con la que Él nos mira. Sin etiquetas, sin p...